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MONOGRAF�AS

ROBERT MUSIL: M�NIMO HOMENAJE

En m�nimo homenaje a Robert Musil, con ocasi�n del centenario de su nacimiento, ofrecemos tres breves textos sobre el escritor austriaco. El primero, la despedida que Hermann Broch escribi� al morir Musil en 1942. El segundo, una entrevista concedida por Musil en 1926 sobre los prop�sitos y dificultades que enfrentaba entonces en la redacci�n de La hermana gemela, conocida m�s tarde bajo el t�tulo de su obra maestra: El hombre sin cualidades. Por �ltimo, un extra�o y m�nimo relato de aliento kafkiano, El sastre, perge�ado como parte de su diario en 1923.

 

Hermann Broch: Adi�s a Musil (1942)

Hay que decir adi�s a quien siempre se despidi�, porque Robert Musil se pas� la vida despidi�ndose. Nunca lo hizo de un modo sentimental, apenas dolorosamente; se desped�a siempre con la exactitud de un cronista que atrapa el pasado, porque quiere la realidad presente, el germen del futuro.

Esta b�squeda del tiempo perdido que ha sido siempre una parte esencial del escritor: arrebatar al olvido lo que nos pertenece, atrapar otra vez el v�rtigo de lo que hemos vivido, mirar hacia el pasado invisible para hacerlo transparente. Ning�n otro g�nero como el de la novela, ning�n otro oficio como el de novelista est� tan acendrados en el espacio de la autobiograf�a por m�s que se alejen de la vida de su creador.

Robert Musil escribi� la autobiograf�a de su juventud, su Werther, en el espl�ndido relato sobre Las tribulaciones del joven T�rless. Era un adi�s retrospectivo a su propia adolescencia y, por otro lado, el adi�s a un mundo que nadie volver�a a vivir, quiero decir: al espacio especifico de la vida austriaca, a lo que con raz�n se ha llamado la cultura autriacta, algo que estaba condenado a muerte. El libro apareci� poco antes de la primera guerra mundial; su recuerdo del pasado fue una necrolog�a prof�tica.

Y cuando el presentimiento de la cat�strofe se convirti� en una realidad tan incomprensible como inevitable, Robert Musil permaneci� apartado de los sucesos: la naturaleza austr�aca estaba todav�a all� con toda su belleza, las costumbres de todo un pueblo apenas hab�an perdido algo de su tradici�n, lo �nico que se hab�a transformado eran los principios de la administraci�n pol�tica. Y a pesar de todo una revoluci�n hab�a barrenado al viejo r�gimen. Despu�s de un intenso periodo de entrenamiento y b�squeda en el que public� unas tres extraordinarias noveletas Tres mujeres, Robert Musil se hab�a decidido a tratar su gran tema: narrar el cansancio y el proceso de disoluci�n de una cultura, el derrumbe de su complicado sistema de valores, para rescatarlo desde dentro vivi�ndolo todo otra vez, para entenderlo y articularlo. El primer volumen del Hombre sin atributos apareci� en 1929.

El hombre sin atributos ha sido comparado varias veces con Los Buddenbrook, la novela de Thomas Mann, porque aqu� se describe tambi�n el proceso de desgaste de una sociedad. La comparaci�n era inevitable porque entre nuestros contempor�neos s�lo pocos pod�an medirse tan leg�timamente como Robert Musil con la fuerza narrativa y la vitalidad de Thomas Mann. Hay que decir sin embargo que los Buddenbrook est�n al principio de un proyecto vital. Por el contrario, El hombre sin atributos una novela inconclusa, se encuentra al final de una larga vida; acaso solo podr�a compararse con Jos� y sus hermanos (1942).

 

Sobre El hombre sin atributos
(Entrevista con Oskar Maurus Fontana, 1926)

Fontana: Su nueva novela, �c�mo se llama?

Musil: La hermana gemela (m�s tarde: El hombre sin atributos).

Fontana: �Y en qu� �poca la sit�a?

Musil: Entre 1912 y 1914. El final de la novela es la movilizaci�n militar que desgarr� al mundo de tal modo que todav�a no hemos podido repararlo.

Fontana: Lo que puede ser visto como un s�ntoma...

Musil: S�, desde luego. Aunque quisiera aclarar que no he escrito una novela hist�rica. No me interesa la explicaci�n real de los acontecimientos reales. Tengo una p�sima memoria. Por lo dem�s, los hechos son siempre intercambiables. Me interesa el momento imaginativo, quiero decir: lo fantasmal de los acontecimientos.

Fontana: �De qu� punto arranca usted?

Musil: Yo presupongo algunas cosas: el a�o de 1918 nos hubiera tra�do tanto las fiestas de aniversario de los setenta a�os de gobierno de Francisco Jos� I, como las de los treinta y cinco del Kaiser Guillermo II. Y teniendo en cuenta este futuro aniversario paralelo los patriotas de ambos pa�ses en la novela se lanzan a una apresurada carrera. Lo que quieren es atacarse mutuamente, as� como tambi�n atacar al mundo. Todo termina en la cat�strofe y el lamento de 1914: "No quer�amos la guerra". Bueno, resumiendo: comienza lo que he llamado la Acci�n Paralela. Hay quienes tienen la idea austriaca, que conocen por los recuerdos de otras guerras: Austria se libra del yugo prusiano, quiero decir: tiene que surgir algo as� como una Austria universal, hecha a imagen y semejanza del imperio, ejemplo de la convivencia entre pueblos distintos. Desde luego, en la c�pula se encuentra el emperador de la paz. A todo esto, el a�o del impresionante jubileo, 1918, ser� la coronaci�n del proyecto. Por otra parte, los prusianos tiene como siempre una idea exacta del poder, su perfecci�n t�cnica se los permite; desde la acci�n paralela su ataque ha sido planeado tambi�n para 1918.

Fontana: Es decir, la iron�a es el centro de la novela. No quisiera preguntarle ahora sobre este tema, sino otra cosa: �c�mo pone usted ese mundo en movimiento, esos dos mundos?

Musil: Introduciendo primero a un hombre joven que ha sido educado y entrenado ejemplarmente en el conocimiento y el saber de su �poca, alguien que domina la f�sica, las matem�ticas y la t�cnica. Alguien que entra de lleno en nuestra vida actual porque, para decirlo otra vez, nada hay en mi novela hist�rica que no tenga validez aqu� y ahora. Mi personaje no sale de su asombro viendo c�mo la realidad se ha quedado por lo menos cien a�os atr�s de nuestras ideas. Esta diferencia necesaria �que yo busco tambi�n entender� va configurando el tema central: �c�mo debe comportarse un intelectual ante la realidad? A este personaje opongo otra figura: un hombre de gran personalidad, alguien que pertenece al gran mundo, un individuo que re�ne talento de un economista y la lucidez de un esteta, y que los ha mezclado en extra�a y efectiva unidad. Viene Berl�n directamente, en Austria quiere reponerse. En realidad viene a obtener secretamente para su consorcio los yacimientos de cobre en Bosnia y asegurar la tala de �rboles. En el sal�n de la segunda Diotima, esposa de un conocido, anfitri�n, el representante de la vieja armon�a universal y austriaca. conoce a esta mujer. Entre los dos se desarrolla una novela sentimental que termina o debe terminar en el vac�o. Al mi tiempo el hombre joven encuentra en la casa de sus padres �y durante un entierro� a su hermana gemela, a que no conoc�a. La hermana gemela biol�gicamente algo muy extra�o; pero que vive en todos nosotros como utop�a, como una idea manifesta de nosotros mismos. As�, lo que en la mayor�a es s�lo una nostalgia, a mi personaje se le convierte en realidad. Y pronto los dos hermanos est�n viviendo juntos en la vieja comunidad que hemos llamado un buen matrimonio. Lo he puesto en el centro de nuestros dolores actuales. No hay genios, ni religiones. En vez de vivir en algo, los dos viven para algo. Quiero decir, en un c�mulo de situaciones donde prolongo nuestra identidad. Pero los hermanos geme el yo y el no-yo, sienten la escisi�n de comunidad, los dos se derrumban con el mundo, los dos terminan huyendo. Fracasa el intento de conservar y detener aquella experiencia. El absoluto no puede conservarse. Consecuencia: el mundo no puede existir sin el mal, porque el mal nos trae el movimiento. El bien s�lo provoca la par�lisis. Muestro la l�nea paralela, la otra pareja: Diotima y el h�roe de la econom�a. Si �l no hiciera negocios, no podr�a tener un alma; no por el dinero que uno necesita para poder tener una, sino porque lo sagrado y lo profano son una masa inerte. Esta pareja es tambi�n necesaria y determinada. La narraci�n contin�a en este sentido; su tema central, el amor y el �xtasis, lo desarrollo despu�s desde la perspectiva de la locura, desde la mira de un individuo obsesionado por la idea de la redenci�n. Los acontecimientos toman un curso imprevisto, se llega a una lucha entre los alumnos de un nuevo esp�ritu y el esteta de la econom�a. Ah� describo un gran congreso. Ninguno de los dos bandos obtiene el dinero que piensan otorgar, sino un general a quien el Ministerio de la Guerra envi� al congreso sin previa invitaci�n. El dinero se emplea para comprar armas. Lo que no es tan est�pido como generalmente se piensa, porque en resumidas cuentas todo lo inteligente termina cancel�ndose a s� mismo. Mi joven h�roe se convierte en un esp�a, alguien que ahora se opone a un orden donde lo irracional tiene las mayores oportunidades. El medio de su espionaje es la hermana gemela. Viajan juntos por Galicia. Ha visto como va perdiendo su vida y la de su hermana. Nuestro h�roe se da entonces cuenta de que �l es algo contingente, de que acaso pueda intuir su ser, pero nunca alcanzarlo. El hombre no es nunca algo acabado, no puede llegar a serlo. Teniendo la sensaci�n de que su existencia es algo contingente puede tomar todas las formas, como si fuera una masa gelatinosa. La movilizaci�n militar lo exime de tomar una decisi�n, a �l y a todos los personajes de mi novela. La idea de que la guerra era inevitable es la suma de todas las corrientes contradictorias, de todas las influencias y los movimientos que describo.

Fontana: �No debe usted disponer de una gran cantidad de personajes que cubran todo este espacio?

Musil: Me bastan veinte personajes aproximadamente.

Fontana: Y en la estructura de su novela, �no teme usted al ensayo?

Musil: S�, le temo; por eso mismo he intentado combatirlo a trav�s de dos medios: primero, mediante una actitud ir�nica. Ahora, es importante aclarar que la iron�a no es para m� un gesto de superioridad, sino una forma de lucha. En segundo lugar, creo que ante el peligro de caer en el ensayo tengo un contrapeso en la elaboraci�n de escenas vivas, en la pasi�n imaginativa.

Fontana: A pesar de que su novela no le deja a sus personajes sino el asalto en la movilizaci�n militar como la �nica huida, no creo que sea una obra pesimista.

Musil: Tiene usted raz�n. Al contrario: en mi novela me divierto burl�ndome de todas las decadencias de occidente y sus profetas. Hay sue�os viej�simos de la humanidad que en nuestros d�as se convierten en realidad. �Es una desgracia que esos sue�os antiqu�simos no hayan conservado su rostro? Necesitamos una nueva moral, porque con la vieja no llegamos a ninguna parte. Mi novela busca ofrecer cierto material para esa nueva actitud. Es el intento de una disoluci�n y la insinuaci�n de una s�ntesis.

Fontana: �D�nde situar�a usted su novela dentro de la �pica contempor�nea? Musil: Disp�nseme usted la respuesta...... (Despu�s de una pausa) �D�nde situar�a yo mi novela? Me propongo ayudar a sobreponernos al mundo; s�, tambi�n por medio de una novela. Yo le estar�a agradecido al p�blico si considerara menos mis cualidades est�ticas y m�s mi voluntad. El estilo es para m� la exacta articulaci�n de una idea. Quiero decir, la idea que puedo alcanzar tambi�n de la forma m�s bella.

Robert Musil: El sastre (1923)

I

No creo que haya sido un sastre.

Ante el juez, dijo: "quiero ir a la c�rcel, se�or, en ninguna otra parte me siento mejor. Mi madre ha muerto, perd� a mis amigos; ah, nunca fui tan agresivo con mi madre como deber�a haber sido. �Qu� valor tiene la vida? T�ngame l�stima. T�ngame l�stima, se�or Juez, enci�rreme para siempre. Si lo hace, yo ser�a feliz; all� podr�a trabajar como sastre, no necesitar� salir al mundo. El juez, sin embargo, no se conmovi�: lo sentenci� a una semana de arresto.

El condenado protest� pidiendo la revisi�n de su proceso, porque la sentencia le parec�a demasiado breve.

El juez le inform� que la revisi�n de un sentencia demasiado breve era cosa del fiscal; pero el fiscal no ten�a ganas.

II

Creo que poco despu�s rodaba una bomba enorme, una bomba m�s grande que yo, por la avenida del 12 de septiembre. Quer�a dinamitar a mi tiempo. Un polic�a me detuvo y revis� la bomba. Le dije: "necesito dinamitar a mi tiempo, porque no me sigue, oficial, estas son mis obras. La bomba me parec�a en este momento tan grande como los rollos enormes de papel que se descargan frente a las enormes imprentas de los peri�dicos. "Ah. usted trabaja en un peri�dico", dijo el polic�a, "no, la prensa no necesita ning�n permiso"

III

Mi bomba rodaba con una envidiable precisi�n rumbo a la rampa puerta del Parlamento, despu�s entr� a la gran sala donde; si se anuncia una revoluci�n, se congregan una multitud de guardianes del orden. Me permitieron encenderla, pero no explot� porque arriba segu�an hablando. Y cuando grit� "�veinte a�os despu�s de mi muerte ser� una verdadera bomba!", una nube de polic�as se lanz� sobre m�. Me defend� con un instrumento que llevaba conmigo. Creo que se llama taladro tor�cico, una suerte de perforador que se aplica contra el pecho. Tiene una manivela y puede traspasar bloques de acero. Se lo puse a un polic�a entre el segundo y el tercer bot�n de su uniforme. El oficial comenz� a ponerse p�lido. En ese momento los otros me cayeron encima, trataban de sujetarme los brazos y; aunque no les result� f�cil, poco despu�s ya no pod�a moverme. As� me aprehendieron.

IV

�Se�or Juez, dije!

Se�or juez, yo he aprendido y estudiado muchas cosas, porque quena ser escritor y conocer mi tiempo, no s�lo... S�, me defend� c�nicamente; pero el juez que ya me conoc�a sonri� preguntando:

��Ha ganado dinero?

��Nunca, dije, est� prohibido!

En ese momento el juez mir� al secretario del juzgado, el abogado en derecho, al licenciado en izquierda, el fiscal al amanuense, y todos soltaron una carcajada. "�Deseo que se presente el dictamen de un especialista!", grito triunfante el defensor.

"Usted est� acusado, porque no ha hecho dinero", dijo el juez.

Desde entonces estoy en la c�rcel.

Le falta la gl�ndula monetaria, dijeron los especialistas, por ese motivo no tiene una regulaci�n moral, por eso se convierte en un individuo irascible si se le trata mal. Adem�s, sufre de una aguda distracci�n, no puede retener lo que otros han repetido cien veces. busca siempre nuevas ideas. El dictamen de los especialistas en literatura fue peor. En suma: soy un mediocre a quien no se le conmut� la sentencia.

Desde que estoy aqu� vivo en un sue�o del orden. Nadie cr�tica mi conducta desmedida. Al contrario, entre los presidiarios soy una persona encantadora, mi inteligencia es extraordinaria. Soy una autoridad literaria, escribo las cartas de los vigilantes. Todo el mundo me admira. Yo, que en el mundo de los justos era un mediocre, en el de los injustos soy un verdadero genio moral, un intelectual de altos vuelos. No hago nada por dinero, sino por alabanza y autoadmiraci�n. Trabajo otra vez como sastre. Ah, la vida espl�ndida del trabajo, mi alma es una aguja fin�sima, vuela horas enteras, entra y sale por semanas, zumba como una abeja diligente. Y en mi cabeza hay tan poco como adentro de una tumba, y las abejas zumban.

VI

Si alguien quiere demostrarme que todo esto es una mentira, que nunca he sido un sastre mediocre y que no vivo en la c�rcel, entonces yo le rogar�a al presidente de la Rep�blica que me asignara un lugar de honor en el manicomio.

Ah�, uno tambi�n se siente a gusto.

Ah�, nadie se sorprender�a de que yo haga las cosas porque me gustan. S�, al contrario, ah�, en el manicomio, todos estar�an dispuestos a quitarme los obst�culos del camino.

Nexos 31, julio de 1980

Este espacio se completa con su recomendaci�n

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